Udol (oskarvlc87) wrote,
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ENTRADA 48: EL día de la Infección.

ENTRADA 48: El día de la Infección.

 

El café caliente se agitaba en el interior de la taza mientras Smith jugueteaba durante el desayuno, inmerso en sus cavilaciones. Por fin había llegado el gran día, hoy tomaría un avión de la compañía y saldría de ese maldito desierto.

 

En Pekín debía encontrarse con los agentes americanos, y de ese modo escapar al férreo control al que le sometía el gobierno chino los últimos meses.

 

“Seguro que sospechan”- pensó Smith-“ y eso que he sido extremadamente cuidadoso… pero no, mi trabajo no caerá en las manos inadecuadas, no me atraparán a tiempo”.

 

Tras apurar el café de un trago subió las escaleras en dirección a su habitación, cruzándose por el pasillo con otros compañeros que iban en bata blanca, científicos y científicas a los que no saludaba, simplemente porque pensaba que no eran dignos de sus palabras, y mucho menos de su tiempo.

 

Al entrar a sus dependencias se quitó la ropa de laboratorio y se puso un traje de chaqueta negro, con corbata roja intensa, luego se calzó unos magníficos y caros  zapatos de piel hechos a mano. Smith vivía por y para su trabajo, pero aún así, en los ratos en que se quitaba la bata blanca vestía con buen gusto, todo un sibarita y un maestro de la elegancia.

 

Tenía todo listo, una pequeña maleta con algo de ropa, su ordenador portátil y un maletín metálico que aguardaba a los pies de la cama. Miró el reloj y luego se miró al espejo, sus ojos marrones destilaban energía y emoción. “Hora de ir a la pista” – se dijo a si mismo. Y guardándose un frasquito transparente en el bolsillo interno de la chaqueta abandonó su habitación para siempre.

 

Fuera le esperaban dos gorilas con traje de chaqueta y gafas de sol estilo Men in Black, eran su seguridad y sus grilletes, hombres pagados por la compañía que protegían y vigilaban a sus científicos más importantes cuando salían del laboratorio.

 

Sin dirigirles ni una palabra caminó hacia la avioneta, embarcó y durmió un par de horas hasta aterrizar en una pista auxiliar cerca de la capital china. Bajó de la avioneta escoltado por sus gorilas particulares- eran como dos putas sombras- y vio que aún faltaban varias horas para el amanecer.

 

Momentos después apareció un coche negro con los cristales tintados y subió abordo con sus dos amigotes. No sabía como iban a encontrarle, le dijeron que simplemente lo harían, así que mandó al conductor que se encaminara hacia su hotel habitual, el Beigin Sun Palace, en el cuál solía hospedarse en sus esporádicas visitas a la ciudad.

 

La carretera estaba desierta, o al menos lo estuvo hasta que aparecieron esos dos coches. Como salidos de la nada fueron aproximándose desde atrás. Enseguida reaccionaron los gorilas, a los que aquello no les olía nada bien. El más grande de los dos, un chino con cicatrices en la cara, desenfundó su pistola y le dijo algo al conductor, que inmediatamente reaccionó acelerando  a tope.

 

No iban a andarse con chiquitas y, al ver que los coches perseguidores aumentaban respectivamente su velocidad, el gorila jefe bajó la ventanilla izquierda y asomó medio torso para tomar puntería. El viento le hacía ondear violentamente el pelo y  le impedía apuntar con total claridad, pero lo cierto es que le daba igual matar a alguien, así que dirigió la boca de su 9 milímetros semiautomática hacia el conductor y sonrió socarronamente.

 

¿Cómo iba a sospechar que se le habían adelantado?, una fracción de segundo antes de que apretara el gatillo, una ráfaga precisa le alcanzó la mano y le arrebató el arma, la cuál se perdió en la carretera, irrecuperable, pequeña, cada vez mas alejada de los coches que circulaban a mas de 170 kilómetros por hora.

 

El gorila entró al habitáculo gritando de dolor y su compañero prosiguió con el tiroteo mientras él se sujetaba la mano agujereada. Smith estaba agazapado bajo el asiento, no tenía miedo a morir, pero mentalmente maldecía  por sus adentros a los que habían comenzado el tiroteo.

 

La persecución duró apenas unos segundos más. El primero de los coches perseguidores sacó aún más potencia y se puso al lado de su presa, instantes después el otro hacía lo mismo por el otro lado. Tras acorralar al coche de los chinos,  un cañón apareció de cada ventana y con varios disparos precisos abatieron a los guardaespaldas, llenando el coche y al doctor Smith de una mezcolanza de sangre y sesos asiáticos.

 

Tras la dantesca escena, el conductor del coche chino frenó de golpe y las pinzas de los frenos mordieron los discos con fuerza, calentándolos y bloqueando las ruedas con gigantesca presión hidráulica. El resto de conductores pisó los frenos también, haciendo uso de su pericia para no salirse de la carretera ni chocar entre sí. Una vez parados, el chófer chino bajó del coche y salió corriendo campo a través, abandonando a Smith y alejándose de los coches atravesados en la carretera.

 

Del resto de automóviles salieron varios hombres sin armas a la vista, que caminaron hacia el coche chino sin prisa. Smith salió dando un portazo furioso y cargado con su maletín.

-Esto no es lo que acordamos, mirad cómo me habéis puesto estúpidos.- Dijo sacudiéndose la americana y mirándoles con infinito desprecio.

 

Dos horas después, Smith salía duchado y vestido con ropa nueva del baño de uno de los aviones militares del ejército de los Estados Unidos. Por fuera parecía un modelo comercial de tamaño mediano, naturalmente su interior estaba modificado, y normalmente lo usaban para trasportar presos sin levantar sospechas o para operaciones de espiona y de infiltración.

 

-Le ruego disculpe las molestias doctor Smith. -Se excusó un hombre ofreciéndole tomar asiento para conversar.

 

Smith dejó la toalla dentro del baño y miró analíticamente a su nuevo interlocutor. Un hombre grande de raza negra, vestido de modo impecable y metódico. “Un soldado experimentado con traje de chaqueta, quizá del FBI o de alguna de esas agencias”-pensó mientras tomaba asiento enfrente de él.

 

-No me esperaba una acción tan temeraria por su parte, pusieron en peligro mi vida y mi proyecto.- Respondió de forma acusadora.

 

-Lo sé, pero ya sabe que situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Esos hombres no nos habrían permitido acercarnos a usted al llegar a la ciudad. Se habría vuelto mucho más complicado, puede que le hubieran disparado antes de que cayera en nuestras manos. Además, fueron mis hombres los que apretaron el gatillo, usted estuvo a salvo en todo momento.- Contestó el agente.- Por cierto, no me he presentado, soy el agente Redfield, de terrorismo biológico. Ya está usted a salvo.

 

Smith se inquietó un poco al escuchar lo de “terrorismos biológico”, pero se mantuvo completamente sereno, sin un ademán de nerviosismo ni duda, y con la boca cerrada y la mirada escrutadora.

 

-Si no me equivoco su trabajo consiste en un virus que modifica y ralentiza el regeneramiento celular, ¿no?- Preguntó Redfield yendo al grano.

 

-No lo ralentiza, lo congela del todo.- Puntualizó Smith con un rastro de orgullo en la voz.

 

-Eso es fantástico, su trabajo es increíble… se me ocurren un montón de aplicaciones sanitarias y militares… pero desde china nos comentó que surgieron ciertas complicaciones. ¿Qué ocurre?

 

-Básicamente que los individuos infectados no reaccionan bien, se vuelven inestables y violentos. Es algo que aún tengo que perfilar para que sea útil a la humanidad- Mintió Smith.

 

-De modo que hoy por hoy, ese virus suyo vuelve a la gente agresiva y fuera de control. Es por eso que tal vez las autoridades chinas quisieran usarlo como arma biológica, ¿no?- Preguntó de nuevo el agente, escrutando al doctor Smith.

 

-Usted es el experto en armas biológicas, no yo- Respondió Smith de forma cortante- No hace falta ser un genio para imaginar los efectos de un virus que lanzado contra las tropas enemigas las haga luchar entre ellas como animales irracionales, y que además se propaga con una velocidad espantosa.

 

-El arma definitiva…prácticamente.- Murmuró el agente Redfield.- Bueno, no se preocupe, nuestros hombres están “borrando” todos los datos del laboratorio del desierto de Gobi. Esa abominación nunca será una realidad, y en cuanto a usted, estará perfectamente a salvo trabajando para los Estados Unidos. Le dejo descansar por ahora.

 

-Un momento agente, ¿Cuánto nos falta para llegar?

 

-Aún falta bastante, debemos recoger a alguien en Turquía, luego sobrevolaremos el Mediterráneo y llegaremos a las instalaciones del Atlántico.- Y diciendo esto salió del pequeño salón en dirección a la cabina.

 

Lo que más temía ahora Smith era convertirse en prisionero de los americanos, así que comenzó a buscar la forma de bajar en otro lugar. Unas horas más tarde, después de haber hecho la parada en Turquía, Redfield volvió a entrar en aquella especie de pequeña habitación de invitados aérea.

 

-Hola de nuevo señor Smith. Nos dijo que todas las muestras se hallaban en el laboratorio, ¿no es así?

 

-Así es.- Contestó de forma cortante mientras jugueteaba con un frasquito trasparente dentro del bolsillo de su pantalón.

 

-Verá, las autoridades chinas se han puesto en contacto con nosotros y su versión difiere. Nos han puesto sobre aviso, han dicho que lleva usted 200  muestras,  va a tener que permitirme registrar su maletín señor.

 

Aquellas palabras no se las esperaba Smith, aún así puso cara de no tener nada que esconder y se acercó al maletín para entregárselo. Y con un amable “Aquí tiene” se lo tendió al agente.

 

Redfield lo abrió y vació su contenido. Sólo había un par de libros, material informático y papeles.

 

-¿Contento?- Preguntó Smith haciéndose el herido.

 

-Tenía que asegurarme. Póngase de pie y separe las piernas  y los brazos, por favor.

 

-Está usted llegando demasiado lejos agente.

 

-No me obligue a volver con alguien más y registrarle a la fuerza.

 

En ese momento Smith se sintió atrapado. No sabía que hacer, si encontraba el frasco probaría que los chinos decían la verdad y le detendrían. De repente, sin saber bien por qué lo hacía, se metió la mano en el bolsillo y amenazó al agente con el frasco. Redfield sin perder ni un segundo sacó su arma y le apuntó a la cabeza.

 

-¿Sabe que es esto agente?- Preguntó Smith con una sonrisilla burlona.

 

-Déjame adivinar… ¿una muestra quizá?- Preguntó irónicamente.-Los chinos tenían razón, tú eres el que se ha llevado las muestras, tú eres el peligro para el mundo en estos momentos. Déjala en el asiento con cuidado y aléjate de ella. ¡Retocede hasta la pared!- Ordenó tajante.

 

-No, yo soy quien da las órdenes. Vamos a aterrizar en el próximo aeropuerto europeo o le juro que rompo el frasco y morimos todos.- Amenzaó el doctor intentando tomar el control.

 

- Eso es imposible, no le dejaremos bajar a ningún sitio con ese virus del infierno. Mejor los tripulantes del avión que una pandemia. Además, no se atreverá a hacer eso, usted también se infectaría.

 

-Idiota, sólo estoy intentando comprar un poco de tiempo para ver el resultado de mi obra. El mundo ya está infectado aunque ustedes no lo sepan.

 

-Eso es imposible.-Balbuceó el agente-. Tú llevas las muestras, si algo le pasa al avión se perderán junto con todos nosotros.

 

-Error, mi querido agente. Yo sólo llevo 3 de las 200 que faltan. Las otras 197 las envié por correo, mensajeros y otros medios a 197 ciudades diferentes  de todo el mundo. Cuando los destinatarios abran los paquetes dentro de unas horas, un día como mucho, la infección se liberará de forma simultánea con 197 focos repartidos por todo el mundo, 198 contando el lugar donde se estrelle el avión.- Sentenció triunfante.

 

-No puede ser. ¿Quieres matar a millones de personas?,¡Estás loco!- Dijo el agente dando un paso al frente.

 

-No quiero matar a millones. Quiero matar a todo ser humano viviente. La suya es una especie destructiva, egoísta, asesina. El planeta estará mejor cuando hayáis desaparecido del planeta.

 

-Hablas como si no te consideraras humano. -Intervino Redfield.

 

-Técnicamente lo soy… ¡pero reniego de mi condición!-Exclamó apretando el puño libre -. Ésta especie ha causado ya demasiados daños. El ser humano se cree el centro del universo y nos es más que una forma de vida maligna, con fecha de caducidad estipulada, como el resto de las especies que ha habido y habrá en el universo. Yo sólo adelanto el exterminio para que la naturaleza corrija su error con prontitud.- Luego, mirando al techo con la mirada ausente añadió-. Somos la excepción de la armonía natural, la nota discordante que ensucia una preciosa  melodía.

 

-Tú eres la personificación de cada vicio del ser humano de los que tanto te quejas. Orgullo, envidia, prepotencia… eres un loco con aires de grandeza, nada más.- Dijo Redfield avanzando con paso firme hacia Smith.

 

-Oh, veo tierra por la ventana del avión. No estaré para ver el resultado de mi obra, pero sin duda sé que mi voluntad  ya se ha cumplido. -Y diciendo esto reventó el frasco en su mano derecha clavándose los cristales en la carne, mientras le dedicaba una sonrisa triunfal y un punto lunática.

El tiempo se ralentizó, Redfield apretó el gatillo varias veces y en cuestión segundos el doctor estaba tendido en un charco de sangre, agonizando por los disparos  y el dolor de la propia transformación.

 

Al poco tiempo todo el avión estaba infectado y éste se precipitaba irremediablemente al encuentro de su destino. Bajo, en la costa, miles de turistas de la costa mediterránea de Benidorm veían con el corazón encogido cómo elavión se precipitaba hacia el centro de la ciudad. Entre ellos estaba un grupo de jóvenes que se vería envuelto en una pesadilla sin despertar posible.

 

El resto de la historia…sabéis cómo continúa.

 


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