Udol (oskarvlc87) wrote,
Udol
oskarvlc87

ENTRADA 42: Malas noticias.

ENTRADA 42: Malas noticias.

 

Avanzamos por el túnel con la única luz de la linterna. El pasadizo es aún más estrecho de lo que me había imagina en un principio, es agobiante, como si los muros quisieran juntarse y exprimirnos en medio. Afortunadamente Joan dice que ya estamos cerca.

 

Por fin. Después de un par de tropezones y con la respiración cada vez más acelerada hemos llegado a su sótano. Es mucho más pequeño que el de la iglesia, sólo una habitación con trastos viejos, pero lo mejor de todo es el pequeño ventanuco que dejar pasar los rallos de sol. Por fin luz. Pienso mientras camino hacia la pequeña abertura.

 

-Ayúdanos con Coletilla tío. – Me dice Capo a la vez que ayuda a Joan a subir por las escaleras. Inmediatamente pospongo mi deseo de asomarme por la ventana y corro a ayudar a mis amigos.

 

Una vez estamos los seis en el sótanos de Joan éste cierra la trampilla de acceso y nos dice que esperemos mientras comprueba que en el piso superior no hay ningún imprevisto.

 

Miro a Coletilla tendido en el suelo. Está muy mal. Creo que inconsciente, o sumergido en algún extraño sueño delirante. Me acerco y le aparto el sudor de la frente con la mano. Maldita sea, espero que tenga antibióticos.

 

Miro a Estela y asiento con la cabeza, como intentando decirle que todo va  a salir bien. Supongo que ha captado el mensaje porque me ha respondido con una leve sonrisa. Lo cierto es que no tengo muchas esperanzas, ni para Coletilla ni para el resto.

 

Súbitamente un portazo nos hace dar un respingo a todos. Sólo es Joan, dice que está todo despejado y trae una botella de agua en una mano y una caja de pastillas en la otra. Se acerca a Coletilla y con delicadeza lo incorpora, abre la caja y le da una de las cuatro pastillas.

 

Mi amigo parece hacer un esfuerzo sobrehumano por tragarlas, como si supiera que su vida depende del medicamento. Al final tras toser y tirar la mitad del agua consigue tragarla.

 

Joan le ha dado Clamoxil, un antibiótico bastante potente que según él podría hacer remitir la infección. Ahora bien tenemos otros dos problemas gordos. El primero es ocuparnos de la fractura y los cortes. Si no le ponemos la pierna en su sitio y le desinfectamos las heridas de poco servirán los antibióticos.

 

El segundo de los problemas es que necesitamos antibióticos para seguir con el tratamiento al menos cinco  o seis días, además de comida y agua. No se que reservas tendrá Joan en su despensa, pero parece que sólo quedan tres pastillas de antibiótico. Tengo que hablar con él.

 

 

 

 

Estamos en la planta baja. Es una casa vieja, típica de pueblo pero muy bien conservada. Debió ser muy acogedora antes de que el ataque aéreo hiciera añicos los cristales y de media casa y derribara las figuras de las estanterías y los cuadros de las paredes.

 

El hombre sigue enseñándome la casa mientras me intenta tranquilizar diciendo que aún tiene comida para varios días porque estaba esperando que llegaran sus nietos a pasar las vacaciones. La planta baja no está muy dañada, pero al asomarnos al piso superior vemos que el tejado ha desaparecido, arrancado de cuajo. Nos miramos el uno al otro y decidimos volver por donde hemos venido.

 

Mientras le escucho mi mirada se detiene en una fotografía tirada en el pasillo. Es Joan y está abrazando a dos niños pequeños, el de la izquierda tiene el pelo muy negro y peinado hacia abajo, el de la derecha no se ve bien del todo debido a las numerosas grietas del cristal, aún así  parece algo más pequeño. Lo que se ve claramente es que los tres sonríen felices.

 

-Tienes razón con lo de la pierna, ahora hay que limpiarle la herida y tal vez consiga entablillársela. – Me dice mientras volvemos al sótano donde los demás cuidan de Coletilla.

 

Una vez abajo nos manda a por tela y maderas mientras él va en busca del alcohol. Nos ponemos manos a la obra y en cuestión de minutos tenemos preparado nuestro rudimentario botiquín. Joan ha vuelto con un par de antiinflamatorios y analgésicos, así que vuelve a tomarse su tiempo y se los hace tragar a Coletilla.

 

Después nos manda sujetarlo y como si fuera algo que hace a menudo, coge la pierna fracturada y, tanteando hace encajar las dos partes. Los gritos de dolor me ponen la carne de gallina. El crujido de los huesos y la carne moviéndose debajo hace que me entren arcadas, así que desvío la mirada y sigo sujetando a mi amigo, que se retuerce aún con los ojos medio en blanco. Al terminar se la entablilla con unas varillas de madera de lo que fue una silla y se las ata con un trozo de cortina. Coletilla se queda dormido, tal vez por el efecto de las pastillas o rendido tras tanto sufrimiento.

 

Subimos para no molestar a nuestro amigo mientras descansa y Joan se apresura a sacar algo de comer para darnos la bienvenida. Mientras saca algo de pan duro y fruta  me asomo por la ventana enrejada que hay junto a la puerta principal. No hay mucho campo de visión, sólo las casas de enfrente afectadas por el bombardeo y algunos coches cubiertos de escombros y polvo.

 

-Ahora sólo falta esperar a que lleguen a rescatarnos.- Dice la amiga de Estela con la mirada perdida.

 

-¿Qué vengan a rescatarnos?- Ya tienen bastantes problemas como para poder venir a ayudar.- Contesta Joan abatido.

 

-Creo que se refería a ayuda internacional, a los países europeos, América… -Interviene Capo añadiendo países a la lista.

 

-Pues eso digo chicos, que no va a venir nadie. Bastante tienen ya en sus tierras.

 

Y al ver que poníamos cara de no estar informados comenzó a relatarnos lo que escuchó en las últimas transmisiones de radio antes del bombardeo.

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